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Imola: el circuito maldito en el que nació la rivalidad entre Prost y Senna en la Fórmula 1

– Tenés que elegir a Ayrton, es el piloto con más talento.

Ron Dennis, el jefe de equipo de McLaren, estaba reunido con los representantes de Honda, su proveedor de motores a partir de 1988, para definir quién reemplazaría a Stefan Johansson cuando la estrella de su equipo, Alain Prost, le dijo que se inclinara por el brasileño y descartara a Nelson Piquet, pese a que era el campeón de esa temporada 1987 de la Fórmula 1.

“Para mí el equipo era lo primero. Si ahora mismo fuera a empezar de nuevo mi carrera, actuaría de forma diferente, me concentraría más en mí y en mi trabajo. Una de mis virtudes es que normalmente, cuando tomo una decisión, no me arrepiento de ella, pero desde mi punto de vista, definitivamente me equivoqué en aquella ocasión”, le confesó el francés al periodista Nigel Roebuck en 1998. Ya había pasado una década de aquella nueva sociedad en McLaren y cuatro años desde la muerte de Ayrton Senna.

La rivalidad entre ambos, una de las más ardientes entre compañeros de equipos, no nació durante aquella primera temporada. Ni siquiera cuando Senna fue campeón -logrando el primero de sus tres títulos- y Prost quedó segundo por el sistema de descartes, en el que solo se tomaban los mejores 11 resultados de las 16 carreras disputadas. “No era un problema que él hubiera ganado; yo ya lo había hecho dos veces antes. Lo que me preocupaba era Honda”, reconoció Prost.

Es que Senna había llegado a McLaren impulsado por el gigante japonés, con el que había entablado una gran relación cuando Honda le brindó sus motores a Lotus en 1987. Y, según pudo comprobar Prost, estaban decididos a favorecerlo. “Antes de la temporada 1989 estuve en una comida en un club de golf en Ginebra con el entonces presidente de Honda, Mr. Kawamoto. Y admitió que estaba en lo cierto al creer que Honda estaba más por Ayrton que por mí. Pensé: ‘Al menos no soy estúpido, realmente estaba pasando algo’”, reveló el tetracampeón.

Ese favoritismo, sin embargo, no fue lo que motivó el enfrentamiento. La relación entre Prost y Senna era buena hasta que dejó de serlo el 23 de abril de 1989 en Imola, el circuito maldito en el que el brasileño moriría cinco años después. El Gran Premio de San Marino marcó el inicio de la rivalidad por un acuerdo tácito que para el francés se rompió y para el brasileño no.

Con un mes por delante desde la decepcionante primera fecha en Brasil -Nigel Mansell ganó con Ferrari, Prost fue segundo y Senna, 11°-, McLaren ensayó durante ocho días en el trazado Enzo y Dino Ferrari, lo que se evidenció con el 1-2 de sus pilotos en la clasificación del segundo GP de la temporada.

Cuenta la historia que entonces Senna le propuso a Prost que quien llegara primero a la horquilla Tosa aseguraría la posición sin ser atacado por el otro. Y así fue: el brasileño, que había hecho la pole, mantuvo el lugar y el francés quedó relegado al segundo lugar.

Pero en la cuarta vuelta, detrás de ellos, la batalla por el cuarto lugar entre Ricardo Patrese y Gerhard Berger terminó con un grave accidente. La Ferrari del austríaco siguió recta en la curva de Tamburello, chocó contra el muro, el chasis se rompió y los 190 litros de nafta derramados provocaron un incendio con el piloto atrapado en el cockpit. La inmediata acción de los bomberos permitió retirar a un Berger inconsciente pero con solo quemaduras en sus manos.

Cuando la carrera fue reiniciada, con los McLaren al frente del pelotón, fue Prost el que ganó la posición y llegó adelante a Tosa. Entonces, vio que por su izquierda quien lo adelantaba era Senna. “Había mucho espacio y pensé que todo estaba bien. Tomé la trayectoria habitual para hacer una mejor salida de la curva… y me adelantó”, reflejó entonces.

“Posteriormente, él argumentaba que eso ya no era la salida por lo que el acuerdo inicial ya no era aplicable. Como decía, él tenía sus propias reglas, y a veces éstas eran muy… bueno, digamos extrañas. Había sido una idea inicial de Ayrton y yo no había puesto ninguna objeción. Pero después de esto, dije que ya se había acabado. Continuaría trabajando con él, en lo referente a aspectos técnicos. Pero en lo que hacía a nuestra relación personal, hasta ahí había llegado. Y el ambiente en el equipo, obviamente empeoró mucho”, recordó nueve años después.

Senna, finalmente, ganó el Gran Premio de San Marino y Prost lo acompañó en el podio, al igual que Alessandro Nannini, quien al año siguiente sufriría un terrible accidente que terminaría con su ascendente carrera en la F1. “Mi maniobra comenzó en la recta y cuando llegué a la curva, estábamos mano a mano”, se defendió el brasileño ante la prensa, que comenzaba a escribir sobre la rivalidad de los compañeros de equipo.

Consultado por los periodistas en la sala de conferencias del circuito italiano, Ron Dennis afirmaba desconocer un acuerdo privado entre los pilotos y les pedía dejar de fomentar un enfrentamiento entre sus pilotos. Pero era evidente ya que la relación se había roto. “Mi psicología se basaba en ser el malo y hacer que ellos tuvieran problemas conmigo, entonces no los tendrían entre ellos. Unirían sus fuerzas y estarían de acuerdo en que estaba siendo duro. Mi mensaje, como siempre, fue que ningún piloto es más grande que el equipo”, reconoció luego el jefe de McLaren.

Sin embargo, su estrategia no funcionó, ni tampoco convencerlos de que lo importante era el equipo y así evitar los roces o choques entre ambos en la pista. “Hasta entonces, nunca había tenido ningún problema con nadie en McLaren, pero 1989 fue diferente -analizó Prost-. Mi contrato vencía a final del año, pero el de Ayrton no. Ron sabía que el futuro de su equipo estaba con Honda, y por tanto, con Senna. Intentó seriamente persuadirme para que me quedara, pero en realidad no podía mantenernos a los dos, y en julio le dije que dejaría el equipo a final de temporada”.

Para entonces, Senna había encadenado tres victorias (San Marino, Mónaco y México) y Prost había ganado en Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Aunque el brasileño volvió a imponerse en Alemania y Bélgica, Prost llegó al Gran Premio de Italia con 62 puntos en el campeonato, 11 más que su compañero.

“Pero esa carrera fue realmente el punto más bajo en la relación entre McLaren y yo. Senna tenía 2 autos, con 20 personas a su alrededor, y yo tenía sólo un auto, con tal vez cuatro o cinco mecánicos trabajando para mí. En los entrenamientos oficiales, Ayrton fue casi dos segundos más rápido que yo. Él era ciertamente mejor que yo en entrenamientos, pero ¿dos segundos? Eso era un chiste. Honda estaba en mi contra. Estaba absolutamente solo, y fue quizás el fin de semana más duro de mi carrera deportiva”, reconoció el francés.

Pese a eso, Prost ganó y Senna abandonó en Monza, lo que amplió la brecha entre ambos y propició lo que ocurriría en la penúltima carrera de la temporada. En Japón, el brasileño necesitaba ganar para llegar con chances a Adelaida pero el francés estaba harto y no pensaba cederle ni un metro en el circuito de Suzuka, lo que provocó el toque que los dejó afuera a los dos. “Sé que todo el mundo cree que lo hice a propósito. No quería acabar así, había ido adelante desde la salida y quería ganarla”, explicó quien se vio favorecido por la sanción al brasileño para ganar el título con 14 puntos de ventaja.

Aunque la sociedad se rompió, la batalla continuó -sumó un capítulo histórico en el GP de Japón de 1990 cuando Senna chocó la Ferrari de Prost- y se mantuvo hasta el retiro del francés, al concluir la temporada de 1993. En aquel Gran Premio de Australia, que ganó el brasileño con Prost como escolta, el abrazo entre ambos se llevó todos los flashes. Parecía que ahora que Alain no sería un rival, Ayrton podía dejar la hostilidad y entablar una amistad.

-¿A qué te vas a dedicar ahora?

-Aún no lo sé.

-Vas a engordar.

Con Prost fuera de una butaca pero involucrado en la Fórmula 1 -hasta el día de hoy como director no ejecutivo en Alpine-, alimentaron una relación: hablaban por teléfono frecuentemente, habitualmente para hablar de temas de seguridad, algo en lo que Senna quería que el francés se involucrara.

Yo siempre digo que él no quería ganarme, sino que quería -metafóricamente- destruirme, ésa fue su motivación desde el primer día. No estaba interesado en ganar a Alan Jones o Keke Rosberg, o a cualquier otro; era a mí, sólo a mí, por alguna razón”, contó Prost tiempo después. Su teoría la apoyó un amigo de Senna, a quien el brasileño le había confesado, tras el retiro del francés, que la mayor parte de su motivación venía de tener que luchar contra Prost.

Ese fin de semana fatídico en Imola, donde el viernes Rubens Barrichello sufrió un grave choque en el que estuvo “muerto por seis minutos” y fallecieron Roland Ratzenberger y Senna en las jornadas subsiguientes, Prost había notado que el brasileño estaba tratando de “ser agradable, amigable”. Creyó que “necesitaba ayuda” pero no quiso molestarlo previo a la carrera. Además, ya habían arreglado verse la semana siguiente.

El 5 de mayo de 1994, cuatro días después de la muerte de Senna, el francés estuvo en el multitudinario funeral en San Pablo. Le costó decidir si debía ir o no porque temía que su presencia molestara a los brasileños por esa rivalidad que tenían en la pista.

“Ahora sé que si no hubiera ido, me hubiera estado arrepintiendo el resto de mi vida -confesó Prost-. No hubo hostilidad de ninguna clase hacia mí, de hecho fue al contrario. Y creo que no hubiera sido imposible que con el tiempo hubiéramos llegado a ser amigos”.

Imola, el circuito maldito

La muerte de Ayrton Senna, a las 14.17 del 1° de mayo de 1994, marcó el cierre del fin de semana más triste de la historia de la F1. Pero ese ambiente montañoso en el que Enzo Ferrari construyó su “pequeño Nürburgring” ya había vivido otros accidentes graves.

En 1980, Gilles Villeneuve chocó en la curva que tiempo después adoptaría su nombre. La explosión del neumático trasero izquierdo provocó que la Ferrari se estrellara contra la pared y rebotara, saliendo hacia la pista. El canadiense permaneció inmóvil unos instantes y quedó aturdido por el latigazo lateral pero afortunadamente salvó su vida, esa que perdería dos años después en la clasificación del Gran Premio de Bélgica

Con Senna en pista, en 1989, el que sufrió el trazado italiano fue Gerhard Berger, quien no pudo tomar la curva Tamburello ni tampoco frenar, por lo que terminó contra el muro. A diferencia de lo ocurrido con Villeneuve, su Ferrari se prendió fuego y solo la rápida acción de tres rescatistas permitió sacarlo con vida y con apenas unas quemaduras en sus manos, que solo le impidieron correr el siguiente Gran Premio, en Mónaco.

Los cambios en Tamburello llegaron recién en 1995, cuando se le agregó una chicana previa. Las obras incluyeron modificaciones en Tosa, Villeneuve y Acque Minerali, aunque sin modificar la esencia de un circuito inaugurado en 1953 y cuya complejidad sigue generando adrenalina entre los pilotos.

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