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Del ADN de Montiel a la zurda de Angileri: los laterales, las armas letales del River de Gallardo

Van y vienen. De banda a banda. Y en tiempos donde los equipos arman fuertes para blindarse contra River, ellos son los encargados de intentar hacerle aberturas a esas fortificaciones y perforar los cerrojos ajenos para conquistar los arcos rivales. Son las armas letales del equipo de Marcelo Gallardo. Por eso, Gonzalo Montiel y Fabrizio Angileri, los laterales, son cada vez más importantes. 

Primero, marcan. Después, le dan salida al equipo. También, se proyectan, dan amplitud y participan del circuito de ataque. Más: llegan al fondo, tiran centros, meten diagonales al área y si pueden, definen. Y en el partido contra Colón dejaron en claro que también se adueñan de las pelotas paradas. Es que Angileri se hizo cargo de un tiro libre y Montiel, como viene sucediendo hace unos meses, de un penal. Así, hicieron el segundo y el tercer gol del triunfo por 3 a 2 sobre Colón en el Monumental, una victoria clave para las aspiraciones de River en la Copa de la Liga Profesional, ya que con esos tres puntos quedó en segundo lugar en la Zona 1 y quedó a cinco puntos del conjunto santafesino.

“En el fútbol de hoy, los laterales son fundamentales. Depende de la potencialidad en ataque si los utilizás o no. Los nuestros son muy importantes en nuestra idea. Tenemos una búsqueda constante y me gusta que tengan proyección“, comentó hace poco Gallardo en referencia a las funciones de los laterales. Gallardo lo sabe: ante defensas cada vez más cerradas, Montiel y Angileri tienen las llaves por los costados ya que con sus proyecciones pueden ser un factor de desequilibrio. Y hoy, por el nivel que muestran, parecen irremplazables. Más allá de que Alex Vigo y Milton Casco no desentonaron cuando les tocó jugar y son buenas piezas de recambio.

En primer lugar, Montiel es vital por la actitud y la predisposición que tiene a la hora de jugar. Es un futbolista que lleva el ADN de un jugador de Gallardo y que aporta la intensidad que desea el entrenador, tanto para defender como atacar. Además de transformarse en uno de los pilares de la defensa también es muy importante a la hora de romper por derecha y conectarse con el ataque. Hace un gran despliegue para realizar las transiciones defensa-ataque. A su vez, muestra una gran personalidad. Tal es así que si está en la cancha, es el encargado de ejecutar los penales.

Angileri, por su parte, está cada vez más afianzado. Y le sacó el puesto a un histórico como Casco, nada menos. Y más: a partir de sus buenas actuaciones, su nombre empezó a sonar en la Selección. En el arranque de este 2021 le sumó gol a su juego. Convirtió sus primeros dos tantos con la camiseta de River. Ante Colón fue el segundo. Contra Defensores de Pronunciamiento, por la Copa Argentina, había sido el primero. Este de jugada, el del domingo de tiro libre. Los dos con un denominador común: una pegada magnífica de zurda, con dos remates inatajables para los arqueros rivales. Y también asiste: en la Bombonera, con un centro bien ejecutado, le puso la puso la pelota en la cabeza a Palavecino.

En el medio de este gran presente futbolístico, la vida le dio un duro golpe a Angileri: la muerte de su padre lo obligó a parar. Gallardo le dio días de licencia para hacer el duelo con sus seres queridos en Mendoza. Y volvió contra Arsenal, después de estar ausente ante Argentinos (en aquel encuentro no jugó porque estaba acompañando en la clínica a su papá, que ya estaba internado), Godoy Cruz y Racing.

A su vez, Montiel tampoco comenzó la temporada con el pie derecho. De ser el jugador del plantel con más minutos en 2020, apenas jugó un puñado de partidos desde el retorno tras el receso. Es que primero sufrió un problema muscular en el gemelo izquierdo, volvió contra Rosario Central (hizo un gol de penal) y luego padeció mononucleosis. La enfermedad la superó en 15 días, pero el estricto reposo dejó secuelas en su cuerpo. Tuvo que ir de a poco, sumando trabajos físicos y pasaron un par de semanas más hasta que volvió a tomar contacto con la pelota. El regreso recién se dio contra Arsenal, el fin de semana anterior, y se lo vio falto de ritmo futbolístico. Pero en pocos días lo recuperó. Anduvo bien con Atlético Tucumán y tuvo un gran desempeño ante Colón. Y tanta es la confianza que tiene que, al momento de ejecutar el penal, giró su cabeza hacia la derecha y pateó la pelota hacia la izquierda. “Eso lo aprendió en el barrio”, bromeó Gallardo, luego. 

Montiel y Angileri ya son como alfiles en el juego táctico de River. Y también le dan al Muñeco alternativas para jugar con línea de cuatro o de cinco en defensa, haciendo la función de lateral-volante para sumarse al mediocampo y hasta para terminar jugando por momentos como extremos. La amplitud que generan en el equipo es clave para conseguir profundidad y encontrar espacios cuando faltan. Cuando eso sucede, las defensas rivales tiemblan y los fuertes se caen. Señales de que avanza el equipo de Gallardo. 

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