Los febriles llamados de Alberto para sumar a un macrista en los cambios a la Corte SupremaPolítica 

Los febriles llamados de Alberto para sumar a un macrista en los cambios a la Corte Suprema

-Te llamo para escucharlo de tu boca. ¿Por qué no te querés sumar a la Comisión?

Gustavo Béliz y Federico Pinedo tienen una relación amistosa desde hace más de tres décadas. En algún momento, además de amistosa, supo ser política. Fueron socios electorales el 30 de junio de 1996, cuando el actual Secretario de Asuntos Estratégicos se presentó como candidato a jefe de Gobierno porteño. En esa elección se elegían también convencionales para sancionar la Constitución de la Ciudad. Las boletas iban pegadas. Béliz estampó su nombre en dos, la 70 y la 134, con aspirantes a convencionales que adherían a su postulación. La 70, de Nueva Dirigencia, era encabezada por Patricia Bullrich; la 134, de Alianza de Centro, por Pinedo. Desde entonces, Béliz y Pinedo no han perdido diálogo, ni siquiera en estos siete meses y medio del cuarto gobierno kirchnerista.

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Ahora estaban, de nuevo, al teléfono. Béliz sonaba insistente.

-No se trata de querer -le explicó Pinedo-. Yo soy un hombre del partido, voy a hacer lo que el partido me diga y en ningún caso voy a hacer lo que no quiera. Pero además me parece una torpeza que no hayan invitado a los radicales si realmente quieren mejorar la Justicia. Tienen una larga historia en estos temas.

El llamado del funcionario fue uno de los últimos de una serie de presiones que la Casa Rosada ejerció de modo subterráneo sobre el macrismo antes de cerrar la lista de juristas y abogados que integrarían días después la Comisión Asesora. Esa Comisión se encargará de darle herramientas al oficialismo para ampliar la Corte Suprema, cambiar el funcionamiento del Consejo de Magistratura, el andar del Ministerio Público Fiscal y para implementar más juicios por jurados.

Alberto Fernández buscó evitar la orfandad de opositores. “Van a decir que es la Comisión de Cristina, hay que hacer algo”, habían deslizado en su entorno cuando la iniciativa empezó a tomar forma. Una sensación similar se apoderó de ese mismo círculo cuando se enteró de que solo Elena Highton de Nolasco iría como representante de la Corte al anuncio del proyecto de Reforma Judicial. En la Residencia de Olivos se vivieron momentos de enojos y reproches. Los otros jueces del máximo tribunal habían transmitido, con excusas pueriles, su decisión de no concurrir. Estaban molestos. Se sentían traicionados por lo que ellos habían interpretado durante la campaña como una promesa intocable: que no se iba a plantear el aumento del número de miembros.

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A la vez era una cuestión de formas. Un asesor de uno de los jueces recordó días atrás el primer encuentro con Marcela Losardo, ya ministra de Justicia: “Vino con un mensaje del Presidente. Les dijo a los cinco jueces que se iban a enterar por él de todas las novedades judiciales”. La promesa de no enterarse por los medios tampoco se habría cumplido. Era una crítica que le hacían a Macri y a su ministro de Justicia, Germán Garavano. Hoy se la formulan a Fernández y a Losardo. 

El diálogo con la oposición tampoco prosperó, en parte, porque Alberto quiso imponer el nombre del consejero opositor, las condiciones y los tiempos. Su primera apuesta fue un llamado a Horacio Rodríguez Larreta. El primer mandatario le adelantó que quería que una silla de la Comisión fuera ocupada por Pinedo. El alcalde le contestó que no dependía de él. El diálogo fue gentil. Cuando Fernández le contó que quería incorporar a Inés Weinberg de Roca a la Comisión, Larreta le pasó el contacto.

Alberto la llamó al rato y la invitó a sumarse. Weinberg de Roca, que había sido la candidata de Mauricio Macri a la Procuración General de la Nación y debió quedarse con las ganas por la resistencia parlamentaria del PJ, aceptó con gusto. En el macrismo corrió luego el rumor de que, cuando el tema se hizo público y sonaron las primeras cacerolas, la jueza del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad habría pensado en renunciar. Falso. Ni siquiera lo evaluó.

Rodríguez Larreta llamó a Pinedo. “El Presidente me transmitió que sería bueno que vos estés en la Comisión”, le dijo. Pinedo le contestó que él estaba dispuesto a aceptar solo si lo apoyaban las tres patas de la coalición, aunque sin ocultar su incredulidad por la participación de Carlos Beraldi, el abogado de Cristina. “Me llaman a mí y lo ponen a Beraldi, ¿no es una provocación?”, se preguntó.

Pinedo, que hoy se encuentra sin cargos públicos después de 16 años consecutivos en el Congreso, creyó que vivía un déjà vu. En 2014 había participado de la redacción del proyecto de reforma del Código Penal que impulsó el kirchnerismo. El ex senador siempre defendió la reforma, pero debió lidiar con muchas críticas. “El Código de Zaffaroni y Pinedo”, se reía en aquel tiempo, cuando todavía impulsaba la avenida del medio, Sergio Massa. En parte, era cierto. Zaffaroni había participado de la redacción junto a otro especialista que hoy integra la Comisión Asesora, León Carlos Arslanian.  

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Larreta no demoró en charlar con Patricia Bullrich para ver qué le parecía la propuesta. “Nos van a decir que nos entregamos, pero no lo quiero decidir yo sola. Hagamos un Zoom“, le pidió la presidenta del PRO. A partir de ahí, hubo conversaciones cruzadas entre los principales referentes del arco anti-K. Mauricio Macri habló con Elisa Carrió antes de que viajara a Francia. El ex presidente, contra lo que podría suponerse, habría hecho un guiño para que Pinedo formara parte del debate. Por aquello, quizá, de que siempre hay que sentarse a dialogar.

Carrió puso el grito en el cielo. “Ni cómplices ni lavandina“, en palabras de Paula Olivetto, diputada y una de las exégetas de la líder de la Coalición Cívica. María Eugenia Vidal y Martín Lousteau también lo vieron con malos ojos. Desde el radicalismo, el diputado Mario Negri planteó que el Gobierno quería montarse sobre una realidad que la sociedad cuestiona, el mal funcionamiento de la Justicia, para salvar a la vicepresidenta. Lo dijo con humor: “Es como ir a visitar a un paciente que está en terapia intensiva y, para que se entusiasme, le llevás de regalo una bicicleta”. 

Cuando Juntos por el Cambio puso fecha para el Zoom, llegó un nuevo mensaje desde Olivos, privado y a modo de ultimátum: “La propuesta no es al partido, es personal y es a Pinedo. Y no tenemos mucho tiempo, tienen que contestar ahora por sí o por no”. Mientras las deliberaciones se suscitaban y ya había fecha y horario para el Zoom volvió a sonar el celular de Rodríguez Larreta. No era Alberto, pero sí uno de sus principales colaboradores. “Dice el Presidente que ya está, que se olviden de Pinedo”.

Un dirigente radical importante, que horas antes había fantaseado entre sus íntimos con la posibilidad de obtener un lugar en la Comisión, escribió en un grupo de chat: “El apuro no es de Alberto, es de Cristina”. El espíritu que dominó a Juntos por el Cambio desde entonces quedó marcado en ese texto. O sea: si el Gobierno pretendía acelerar a toda costa, mejor que lo hiciera solo. Difícil, en este contexto, que la Reforma Judicial pueda lograr la adhesión que en la Casa Rosada aún persiguen. El Presidente, que busca convencer a todos de que se trata de un antes y un después en la era judicial, hará en los próximos días gestos para seducir opositores y sumarlos a su plan. Se desconoce si serán gestos reales o para la tribuna.

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