The Last Dance: El lado íntimo de Michael Jordan según las personas que más lo conocenDeportes 

The Last Dance: El lado íntimo de Michael Jordan según las personas que más lo conocen

The Last Dance expone la versión más cruda del Michael Jordan jugador. Competitivo al máximo, cultor del “ganar a toda costa”, exigente al límite del exceso con compañeros, buscador de las excusas más insólitas para destruir rivales. Un GOAT (acrónimo de Greatest Of All Time, “el más grande de todos los tiempos”) sin tamizar que, sin embargo, es apenas una versión de sí mismo: la deportiva.

¿Cómo es, en cambio, ser amigo de Su Majestad fuera de la cancha?

Como es de esperarse, en el grupo de personas más cercanas a MJ se destacan aquellos que lo conocieron antes de que se convirtiera en uno de los personajes más famosos del planeta, incluso en tiempos de escuela secundaria.

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Mucho antes de ser ese que sacudía la moral de sus compañeros a ver cuánto eran capaces de resistir, Jordan mostraba otro tipo de apoyo dentro de la cancha. “Antes de cada pitch, lo miraba a Michael y él me levantaba el pulgar”, recuerda uno de sus primeros compinches, David Bridgers, un chico blanco que llegó a de Wilmington, Carolina del Norte, y logró hacer tan buenas migas con Jordan que se quedó bastante tiempo en la casa de la futura estrella cuando sus padres se separaron.

Pero el apoyo más importante era el que Michael le mostraba afuera. Alguna vez en la pileta de la casa de unos vecinos, cuando llegaron los padres de la familia del anfitrión hicieron salir a todos del agua por mezclarse con Jordan y su color de piel. La víctima de ese racismo no se dejó afectar.

“Le pregunté si sabía por qué nos habían sacado, me dijo que sí, le pregunté si le había molestado, me dijo que no, sonrió y me siguió hablando de cualquier cosa. Me enseñó mucho a lidiar con el prejuicio -asegura Bridgers-. A mí me decían ‘sos amigo de los negros’, ‘basura blanca’. Él me enseñó a ignorarlos”.

Muchos años después, el padre de David sufrió un ataque al corazón y, pese a estar distanciados, lo llamó por consejo de Jordan, quien para entonces ya había perdido a su propio papá. “Decile que lo amás”, le pidió. “Lo hice y no sabés la paz que me dio. Cuando llamé a Mike para contarle me dijo ‘eso era lo que quería para vos’”.

Recién drafteado por los Bulls, Jordan participó de un evento organizado por uno de sus nuevos patrocinadores, la gaseosa más conocida del mundo, y coincidió Roy Green, jugador de la NFL también invitado. A Jordan le simpatizó que, como él, Green no se quedaba callado a la hora de las provocaciones.

Roy Green junto a Michael Jordan. (Foto: azcardinals.com)

Más reservado, sin entrar en detalles, el ex jugador de fútbol americano aseguró: “Hizo algunas cosas muy especiales por mí y por mi familia, cosas que no tenía por qué hacer”.

George Koehler es el chofer que por casualidad llevó a Jordan cuando este llegó a Chicago luego de ser elegido por los Bulls en el draft de 1984. Hoy es uno de los amigos íntimos a los que Michael les regaló -así como a sus familiares- réplicas de sus anillos de campeón junto a un reloj con la insignia del equipo.

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Con él, quien distintos entrevistados definen como el que mejor cuidó a Jordan en el libro “Michael Jordan: The Life” de Roland Lazenby, le gustaba hacer inocentes bromas en público, como ir en auto a los McDonald’s, que el chofer hiciera el pedido y pagara y luego fuera el mismísimo Jordan el que se asomara a retirarlo, lo que por lo general causaba el grito desesperado del empleado de turno.

Michael Jordan junto a George Koehle, primero chofer y luego amigo para siempre. (Foto: The Sportster)

Claro que también conoce el lado más humano de Jordan. “Los chicos lo pueden”, le aseguró Koehler al Chicago Tribune en 1992. “Fuimos a un hospital, estaba lleno de casos trágicos, y había una nena, Jennifer. Vestida con su mejor ropita de domingo, un vestido con volados. Michael se puso muy contento. ‘Acá hay una chica que se va a su casa’, pensó. El doctor nos hizo a un lado y nos contó que tenía leucemia. Dos semanas de vida. (Jordan) no habló más durante todo el día”.

Rod Higgins fue uno de aquellos primeros compañeros en Chicago y uno de los que mejores migas hizo con el joven Jordan. Su testimonio en “The Life” da cuenta de un MJ leal y compañero. “Una vez que sos su amigo, él trabaja mucho para mantener y alimentar esa amistad”, dijo.

Michael Jordan y Rod Higgins, de compañeros en Chicago a colegas en las oficinas de Charlotte Hornets. (Foto: AP)

Lo que más le valoran es esa fidelidad inquebrantable. En aquellos primeros tiempos, se trataba de aferrarse a quienes demostraran su valía humana. “Jordan valora la confianza y, cuando la encuentra, es capaz de las más asombrosas demostraciones de lealtad”, aseguró el autor Lazenby en su texto.

“Lo que la gente no entiende es que es realmente un gran tipo”, agregó Charles Oakley, otro de sus buenos compañeros en los Bulls.

Esa valoración de los amigos llevó a Jordan incluso a mantenerlos cerca en espacios de trabajo y negocios. A Charlotte, el equipo de la NBA que posee, llevó a Higgins, que supo ocupar el puesto de presidente de operaciones de básquetbol de 2011 a 2014. Pero no fue el único.

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Incluso, Michael tiene trabajando en los Hornets a su hermano James como jefe de operaciones.

A Fred Whitfield, un chico un poco mayor que él a quien conoció en un campus en Carolina del Norte antes de ingresar en la universidad, y con quien también cultivó una gran relación de amistad, también lo llevó a los Hornets. Hoy es el presidente del equipo, segundo en la cadena de mando tras Jordan y dueño minoritario del equipo.

Fred Whitfield, a la izquierda de Michael Jordan en una práctica de Charlotte. (Foto: AP)

En una reciente entrevista con The Athletic, el ejecutivo manifestó que “siempre encontró una manera de incluir a sus familiares y amigos en sus éxitos”. Y agregó que “lo único que hacemos nosotros es verlo no como la súper estrella, sino como el ser humano común. Por eso sabe que con nosotros puede sentirse cómodo”.

Una amistad perdida ¿para siempre?

Esas decisiones profesionales de Jordan, sumadas al poco éxito de la franquicia, provocaron rispideces con otros amigos, en particular uno de los más conocidos dentro de la cancha: Charles Barkley.

El compañero de Jordan en el Dream Team de 1992 y gran rival con la camiseta de los Phoenix Suns reconoció en los últimos días que Su Majestad no le habla y que, pese a la tristeza que le causa, no cree que la situación vaya a cambiar en el corto plazo.

Jordan y Barkley. Viejos tiempos jugando al golf. (Foto: AP/Ben Margot)

¿A qué se debió el distanciamiento? A las críticas que hizo Barkley por la forma en que Michael maneja a los Hornets.

“Eso es lo que más me molesta, que no creo haber dicho nada malo -aseguró Sir Charles en ESPN-. Estoy seguro de haber dicho que, aun con todo lo que lo quiero, hasta que deje de contratar a tipos que le besan el culo y mejores amigos, nunca va a tener éxito al frente del equipo. Y me molesta todavía más porque Phil Jackson dijo lo mismo”.

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Para Barkley fue sorpresiva la reacción de Jordan ya que considera que justamente por ser su amigo correspondía que dijera la verdad. Sabrá sólo Michael si le molestó la crítica en sí o que fuera pública, pero evidentemente sintió traicionada esa fidelidad de la que hace un culto.

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