Los problemas que genera el VAR y algunas posibles solucionesDeportes 

Los problemas que genera el VAR y algunas posibles soluciones

Es imposible pelear contra la modernidad, los adelantos tecnológicos. Porque es el irremediable avance de la humanidad. ¿Puede ser el fútbol la excepción, entonces? Seguramente no. Aunque le sobren argumentos a este fenómeno social que se instaló en el mundo entero para seguir creyendo que su esencia, sus raíces, su proyección, su reglamento de escasas leyes, no necesitan variantes para seguir rigiendo como el éxito popular más notorio del último siglo y medio.

Sin embargo, así como ocurrió en otras disciplinas deportivas, los conductores del “gran negocio” creyeron que era hora de rectificar lo que siempre se había esgrimido como norma para no variar, que el fútbol era “humano” y que su enorme repercusión incluía la posibilidad de convivir con el “error”.

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Se quiso innovar con la inclusión del VAR (todavía en aparición progresiva pero no total), un control formado por un equipo de seis personas que siguen en una cabina externa las imágenes de televisión en varios monitores diferenciados con la intención de “ayudar” al árbitro (el único responsable de las sanciones del juego) en el caso de dudas “evidentes”.

El tema es que la cuestión -por lo menos en Sudamérica- parece quedar desvirtuada en el desarrollo de los partidos. Todavía no está instalado en los partidos de la Superliga, por ejemplo. Porque es muy costosa su instalación y mucho más para los clubes más modestos. Pero funciona en los partidos organizados por la Conmebol (Confederación Sudamericana) Y ahí es donde más se notan los desajustes.

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La intención de incorporar más “justicia” en las determinaciones arbitrales, precepto indiscutible, desembocó en una confusión tal que -definitivamente- no se sabe QUIEN es el que dirige los partidos. Porque los referís, en permanente contacto con la cabina, parecen distraer su atención en las jugadas comunes. Y el diálogo permanente parece violar la intención inicial del avance tecnológico. Como si cada acción estuviera en discusión o como si el árbitro estuviera consultando todo lo que ocurre a su alrededor.

Pero el tema central se da en las maniobras puntuales, decisivas, de goles, supuestos penales o eventuales expulsiones. La emoción, la pasión de la gente (el verdadero baluarte del fenómeno) tiene que quedar contenida, demorada, en los minutos que le lleva al árbitro la verificación de lo que le avisaron desde la cabina. Que casi siempre -claro- está asegurado por sus pobladores. Entonces, se condiciona la decisión final del juez ante la advertencia específica de los que están arriba.

Hay situaciones evidentes, que deben corregirse. Pero otras son de interpretación. Y los árbitros suelen atender las sugerencias para esquivar sus supuestas responsabilidades. Entonces, ahora no se puede expandir el grito del desahogo cuando se da el milagro sagrado de un gol. Si la consulta sí es inmediata. Y vuelve luego, sin la fuerza de la espontaneidad con la confirmación.

¿En el fútbol vale primero la emoción y después la justicia estricta? Es un tema de discusión, por lo menos. Porque la tecnología no actúa sola. La manejan y la controlan personas humanas. Y sobran antecedentes de injusticias, ahora compartidas (o no) por dos fuentes diferentes. La decisión del VAR ya está tomada. Y no volverán atrás, seguramente.

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Pero para que el fútbol se siga pareciendo al fútbol, con todos sus ingredientes, es imprescindible ajustar las formas. Por ejemplo, dejar que el juez consulte una duda (sin audífono que lo perturbe) cuando él y sus ayudantes del campo la tengan, o que se permita que el capitán de cada equipo en competencia tenga la oportunidad de reclamar dos veces por tiempo la verificación sobre algo que en su equipo consideraron un error arbitral. Dos veces por tiempo. Y con los minutos perdidos, agregados al final. Porque hasta ahora, lo que se sumó para mejorar, duplicó las sospechas de los hinchas y de los escépticos. Será justicia.

JCh.

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