Bolívar hizo historia y es campeón de la Liga de Vóleibol Argentina por octava vezDeportes 

Bolívar hizo historia y es campeón de la Liga de Vóleibol Argentina por octava vez

Bolívar hizo historia, dio vuelta un 0-2 y venció a Obras de San Juan 3-2 en el estadio República de Venezuela, con parciales de 20-25, 19-25, 25-23, 25-13 y 18-16 para quedarse con su octava Liga de Vóleibol Argentina y convertirse, en soledad, en el club más ganador en la historia de la competencia, superando los siete títulos de UPCN.

Bolívar festeja, como ya es costumbre. Este año, también ganó la primera edición de la Copa Libertadores de vóleibol. (Foto: Prensa Bolívar)

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Obras ya lo había demostrado con su llegada al quinto punto de la serie: no le había pesado la final y tampoco le había resultado un escollo la tierra bolivarense, de la cual ya se había robado un juego. Y lo certificó de entrada, haciéndose fuerte desde su defensa. Con ella armó un muro a partir del bloqueo, que no sólo le dio tantos sino también obligó a Bolívar a jugar incómodo y a desgastarse. Así llegó a sacar cinco de ventaja (12-7) y a causar que Javier Weber utilizara dos tiempos muertos en ese corto lapso.

La jerarquía de Bolívar permitió que la diferencia no fuera mayor y con el correr del parcial ambos se repartieron errores. Definitivamente no fue el mejor vóley que podría haberse visto, pero sí se fue cargando de emotividad, en particular cuando entrando en etapas decisivas la distancia se había recortado a uno (19-18). Pero en el peor momento el heptacampeón se repitió en fallos (cuatro casi consecutivos de índole variada) que le permitieron a la visita sacar 3 y liquidarlo en 25-20.

Pablo Crer se toma la cabeza. Bolívar la pasó mal buena parte de la noche. (Foto: Prensa Bolívar)

Y si de hacer pata ancha en rodeo ajeno se trataba, el segundo set lo rubricó. Porque Obras volvió a tomar la delantera, pero también porque no sucumbió cuando a los 19 tantos Bolívar tomó la primera ventaja de la noche con el 10-9. Fue entonces cuando el tiempo muerto pedido por Juan Manuel Serramalera durmió la recuperación bolivariana y un error de saque de Raydel Hierrezuelo, un descuido de Alexis González en la recepción y una “llevada” de Agustín Loser en una ráfaga le devolvieron el liderazgo a los sanjuaninos.

Bolívar, desconocido, nunca le encontró la vuelta no sólo a su rival, sino a su propio juego. Golpeado, sin reacción, anonadado como ese campeón que de repente se despierta en un lugar desconocido. Así lo puso Obras y, sin salir de ese espiral descendente, el equipo de las Águilas vio cómo se le escurría el set como agua entre los dedos.

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Al vóley no sólo lo emparenta con el tenis que haya una pelota y una red de por medio, sino también el componente mental. Mucho más complejo, claro, porque se trata de doce voluntades en lugar de dos. Y sin embargo, ahí sobrevive también aquel con mejor cabeza. Por eso, y porque cuando se trata de Bolívar se trata del multicampeón local y actual monarca de la Libertadores, nunca se puede dar por sentado un desenlace.

Por eso los de Weber pudieron estar todo el set atrás en el marcador, con el público casi en silencio salvo por aquel puñado sanjuanino que se sintió campeón en varios tramos. Desde la aparición de la defensa, Bolívar siempre tuvo a Obras a tiro (nunca se alejó más de tres puntos) y con un ataque más aceitado en el que no sólo se dependió de la potencia cubana, el quiebre llegó en el momento justo: la primera ventaja en el set fue al 24-23. Y así recobró vida el equipo celeste, con Martínez cantando al compás de la gente dentro de la pista. El campeón no estaba muerto.

Y vaya si estaba vivo. El cuarto set regaló la mejor versión del local: la verdadera. La cara que había estado oculta hasta promediando el tercer parcial. Pero el monstruo se despertó con todo. Apareció el ataque en su esplendor con Pablo Crer por el centro, con las pelotas al lado ciego de Lucas Ocampo, con la defensa que contagiaba de Martínez y un paredón que ya quisiera colocar Donald Trump en la frontera: Hierrezuelo, que se cansó de erosionar los ataques y la confianza del rival a fuerza de bloqueos. Justo ante el equipo Obrero, el que construyó una muralla fue él. Y de su mano, los de Weber metieron un parcial de 12-3 para llevar todo al quinto.

Jesús Herrera remata ante Lucas Ocampo y Agustín Loser. El cubano fue una amenaza en ataque, pero cometió muchos errores de saque. (Foto: Prensa Bolívar)

La hazaña tenía un sólo registro: Náutico Hacoaj en el año 2000, el único que en un quinto punto había dado vuelta un 0-2 para salir campeón ante Azul Vóley. Casi dos décadas más tarde, un equipo buscando emularla y otro, intentando que no se repitiera.

Y ese último parcial de la temporada tuvo todo lo que merecía semejante definición. Primero, ataques que superaron a los errores. Pero también, por una parte, un Obras que se repuso de los cachetazos y esta vez sí estuvo a la altura. Sacó tres de diferencia de entrada y lo fue sosteniendo con el correr de las pelotas, pero que se quedó sin gas en el momento menos indicado. Aunque no puede achacársele la derrota sin caer en las virtudes de Bolivar, con la resiliencia como primera y gran.

El púbico explota cuando Bolívar gana el último punto y se consagra campeón. (Foto: Prensa Bolívar)

El momento fue todo de Martínez, ese pibe que arengó y disfrutó desde adentro y al cabo se ganó el premio al mejor jugador nacional de la competencia (el cubano Hierrezuelo fue el Jugador Más Valioso). Obras nunca le encontró la vuelta a los remates del punta receptor, que no por repetirse en pelotas jugadas perdió efectividad. Y otra vez, increíblemente, el local tomó la delantera en el match point del 14-13. Le costó, porque Obras no quiso renunciar y se aferró a esa gloria que estuvo tan cerca, pero a fin de cuentas, el corazón del campeón pudo más. Ocho históricas veces más.

Bolivar. Enviado Especial.

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