Los recuerdos del desembarco y el primer muerto argentinoPolítica 

Los recuerdos del desembarco y el primer muerto argentino

Uno de los motivos por los cuales ya no quiero hablar del 2 de abril ni de Malvinas es porque nos toman a todos como torturadores, entre otras cosas. Pedro Giachino era como mi hermano y me da bronca que cuando se le pregunta a los argentinos quién fue el primer muerto argentino en la guerra de Malvinas no saben qué contestar. No lo enseñan.  

Corría el año 1981, era Capitán de Corbeta y me mandaron como ayudante secretario del almirante de Marina, Hipólito Joaquín Leandro Gómez. Tuvimos una excelente relación y yo le hice prometer que a fin de ese año, me iba a una Unidad de Combate. Pero para diciembre, Gómez me llama y me dice: “Usted se queda otro año, ya va a entender por qué”. Entonces, me dio mucha bronca y le digo que “cómo podía ser”. Al tiempo descubrí cómo venía la cosa porque Gómez me presentó al nuevo comandante, el contralmirante, Carlos Büsser, que me pidió que preparara una oficina ultrasecreta, sin ventanas, con puerta con rejas. Todo esto ocurría en la base de Bahía Blanca. No sé qué pasó después porque el plan inicial era un toco y me voy. 

Contralmirante Oscar Alfredo Monnereau, “Tito” en el Centro Naval. Foto. Ariel Grinberg

A Büsser aprendí a quererlo pero era un tipo duro duro. Nos llamaba a todos señor. Un día me dice, lo que van a ver y escuchar es absolutamente secreto. “Cualquiera que diga algo de lo que están escuchando yo, personalmente, me comprometo a hacerlo fusilar”. Ahí ya desde el primer día sobre una mesa sacaron los papeles que habían traído y veo Malvinas. “Están locos”, dije yo. Me dice el otro: “Debe ser un ejercicio”. Pero estoy seguro de que ahí empezó la operación Malvinas. Al menos los planes. A mí lo que me carcomía era el secreto con Giachino. Era mi amigo del alma. Desde chiquitos en la Escuela Naval, el viaje en la Fragata, la instrucción. Era el padrino de mi casamiento y nuestras mujeres eran amigas. Cuando embarcamos, ellos ya tenían sus dos hijas, nosotros íbamos por la quinta de los seis hijos y nueve nietos que tenemos. A María Paula la hicimos nacer el día antes del embarco.

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El embarco fue el 28 de marzo y ese día en Puerto Belgrano había gente yendo y viniendo y todo seguía siendo top secret. Me cruzo a Giachino que me pegó un grito: “¿Vos sabés o no sabés? Porque vos sos mi amigo”. Estaba Büsser y entonces le contesté: “Yo no sé, no sé si vos sabés. Pero sigo siendo amigo tuyo”. Y no nos vimos más porque él se embarcó en el Santísima Trinidad y yo en el San Antonio.   

Contralmirante Oscar Alfredo Monnereau, “Tito” en el Centro Naval. Junto al general Sergio Fernández, también veterano de Guerra, en el Centro NAval .- Foto. Ariel Grinberg

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El 1 de abril había una tormenta infernal. Las olas pasaban por encima del barco. El desembarco estaba planeado para ese día pero ya hubo un cambio de planes que lo demoró. Büsser se pasa de barco, del San Antonio al Santísima Trinidad. Hay una pérdida de un helicóptero. Los británicos ya sabían que algo iba a ocurrir. Se había perdido el factor sorpresa. Y por otro lado a Pedrito también le cambiaron los planes porque le toca tomar la casa del gobernador Rex Hunt, lo que pienso, lo alegró porque era una misión importante. 

Si se fijan en las fotos de aquel 2 de abril, la persona que tenía en sus manos un aparatito con el que Büsser lanzó su proclama a las islas, era yo. El pidió evitar cualquier desmán contra la población, considerada extranjera, pero en territorio nacional. Dijo que iba a ser muy duro si alguien lo vulneraba y no quería bajas enemigas aunque eso incluyera bajas propias. No creo que hubiera una operación militar en el mundo con semejante compromiso. 

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¿Pero qué hicieron los ingleses? Defendieron a la Reina. Los pocos militares que había se atrincheraron en la casa del Gobernador y otros pocos distribuidos. Por eso Seineldín no encontró resistencia en el Aeropuerto. Giachino lo que tenía que hacer era tratar de llegar al gobernador británico para decirle “ríndanse”. Un suboficial entró por el fondo y cuando Giachino intentó apoyarlo es cuando lo hieren. Y lo hieren mal. Eso era una balacera infernal. En eso se produce un parate porque es el momento de desembarco Le dije a Büsser que no me podía comunicar con “Tiburón”. Así le decía yo a Giachino.  

Contralmirante Oscar Alfredo Monnereau el día del desembarco en Malvinas 2 de abril de 1982. De mangas cortas, de espaldas, manifestándose en contra de que se obligara a los militares británicos a que permanecieran contra el piso

A Büsser entonces le informan que el gobernador Hunt estaba dispuesto a parlamentar. Hubo que improvisar una bandera y agarré una antena y una bolsa de residuos. Con esa la hicimos. Nos sacamos el armamento y ahí fue que me enteré de que había heridos. Siempre pensé en Giachino. Cuando llegamos no te imaginas la cantidad de vainas que había en el piso en la casa del gobernador. Cuando viene toda la perorata de Büsser dándose la mano con Hunt, ya rendido pregunté dónde estaban los heridos. Al primero que me encontré fue a Giachino y fue ahí cuando blanco, pálido, ya muriéndose me miró y me dijo: “Tito, llegaste tarde, como siempre”. Yo pensé que Giachino se me había muerto en los brazos. Pedí media hora, me fui a verlo al hospital y aunque estaba ya en la morgue me quedé hablando con él, por así, decirlo. 

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