La levedad de la palabra y el cambioSociedad 

La levedad de la palabra y el cambio



LA CRISIS INTERNA DE LA ALIANZA GOBERNANTE SE INTENSIFICA. BUENOS AIRES, LA PAMPA, MENDOZA Y CHUBUT PONEN EN EVIDENCIA LA TENSIÓN. MENNA INSISTE EN QUE NO TIENE ´NADA QUE VER´CON EL GOBIERNO NACIONAL, PERO ES SU CANDIDATO. ¿HAY UN PLAN ´BOINA BLANCA´ PARA JUGAR SÓLOS EN 2023?

Por Trivia Demir

La interna de la alianza gobernante no termina, y de hecho, Cambiemos se halla sumergido en una crisis de imprevisibles consecuencias. Tanto que hasta el nombre va mutando de acuerdo al nivel de despegue que el radicalismo va buscando en cada provincia. Es que no es novedad a esta altura de los acontecimientos que un sector del radicalismo que acompañó y formó parte central del triunfo de Mauricio Macri, hoy se manifiesta enojado con la conducción nacional del frente. Córdoba es el ejemplo más dramático de las desavenencias, pero no es el único ejemplo. Problemas en la Ciudad de Buenos Aires, en La Pampa, en Mendoza, en Chubut ponen en evidencia la crisis. Recientemente el candidato por Cambiemos en Chubut, Gustavo Menna salió a despegarse concretamente al afirmar que de ningún modo es ´representante del gobierno nacional´. Declaraciones que generan fuerte confusión electoral respecto al sello que lo cobija, pero al espíritu de la campaña copada por el radicalismo provincial. Porque ¿si el Cambia Chubut no es Cambiemos a nivel nacional, que es? Tal vez por ello, las principales propuestas de Menna y Abdala se enfocan en un discurso absolutamente crítico de la gestión provincial sobre la que montan más sospechas que propuestas que contrasten. Lo demás es un gran esfuerzo por despegarse de un sello copado pero no reconocido.


A nivel nacional, no solo en el radicalismo hay desagrado, sino que cuadros políticos más sesgados al peronismo como Nicolás Massot o Emilio Monzó se empiezan a correr, y también se anuncian escurrimientos de cuadros de peso en la gestión que harán ruido, como el posible paso al costado en un futuro no tan lejano del ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Lo que sucede es que el amplio abanico que conformó la alianza se está transformando en un cenáculo, justo en vísperas de las elecciones.


Y en este marco, el gran interrogante que lanza el columnista nacional Claudio Chávez es “¿cuál es la identidad político-cultural del PRO? En vísperas de Gualeguaychú dudó ir con los radicales o con peronistas federales. No es lo mismo la limonada que la chicha. Otra muestra de la confusión en la cual se halla sumido Cambiemos es que la fundación radical que participa en el debate y armado de políticas públicas del Gobierno se llama Leandro Alem.


Los radicales modernosos simpatizan más con Alem que con Hipólito Yrigoyen. Es evidente, el nombre así lo indica. ¿Es aséptica e indolora esta decisión? Pienso que no. Alem expresaba, en los orígenes del radicalismo, la visión cosmopolita, pro porteña y vanguardista de un partido que con Yrigoyen aspiraba a representar a las masas populares. Categoría que hoy no luce. Por otro lado, la diferencia central entre uno y otro de estos caudillos fundacionales, y esto sí los radicales y el común de la gente debiera saberlo, es que las conspiraciones radicales de 1890 y 1893 tenían para Irigoyen y para Alem un destino diferente. Para el primero la sanción de una ley electoral y alcanzar el poder por la vía institucional. Para Alem, la toma del poder por un golpe de mano. Lo había aprendido de Bartolomé Mitre. El golpismo liso y llano. Igual, ¡no se mortifiquen radicales!, al peronismo le ocurre algo similar. Llamar Cámpora a una agrupación autotitulada peronista forma parte de la misma farsa. Hoy a estas mentiras se la llama posverdad. No es otra cosa que la eterna tergiversación de nuestra historia”, afirma.

El plan ´boina blanca´

En otro de los ´laboratorios´ políticos por excelencia, como es la provincia de Córdoba dicen que en la Unión Industrial recibieron al actual gobernador, Juan Schiaretti, como un gobernador ya reelecto porque al dividirse la oposición tendría ya despejado el panorama. Esto activa un problema estructural de Cambiemos. El Pro, el partido de Macri, y éste como dirigente nacional, emerge a la vida pública en 2002, a partir del agujero negro que deja el radicalismo en la representación de los sectores medios. Irrumpe como dirigente político en el clima de la caída del gobierno de De la Rúa y cuando Leopoldo Moreau saca el 2% de los votos como candidato del radicalismo en 2003. En esa debacle del radicalismo se recorta la figura de Macri como dirigente nacional.


Según Carlos Pagni, a partir de esto “podríamos pensar que el negocio estratégico del Pro es quedarse con el mercado electoral del radicalismo. Los radicales lo saben y al mismo tiempo usan a Macri con la lógica de que tienen el poder nacional y dicen: ´Ganemos seis, siete provincias, apoyemos a Macri para 2019 pero tengamos un candidato propio nacional en 2023´”.


Probablemente en la cabeza de Macri, Schiaretti es una solución frente a un triunfo de Mestre y una solución frente a un triunfo de Negri. ¿Macri desiste de intervenir porque en el fondo le gusta más gobernar con un candidato peronista, al que conoce de antes? “Cuando los Macri tenían Sevel y fabricaban autos Schiaretti era el secretario de Industria de Domingo Cavallo. Schiaretti viene de la industria automotriz porque se exilió en Brasil y trabajó en Fiat, empresa que luego en la Argentina va a ser de los Macri. Hay un entramado profundo entre Schiaretti y los Macri”, afirma el periodista de La Nación en tono concluyente.

La lógica interna

Según los observadores finos, los radicales le van a pedir al Pro o una interna o una vicepresidencia. No le pueden hacer ganar la elección a Macri pero se la pueden hacer perder. La variable que controla esta mesa de póker es la marcha de la economía. Cuando el dólar sube cae Macri, cuando el peso se estabiliza Macri se recupera. Su figura tiene una elasticidad que no tiene Cristina. El dólar está ligado a la inflación.


¿Cuál es el problema del Gobierno frente a esto? La política cambiaria que le permitió al Gobierno el Fondo Monetario Internacional , y dentro del FMI, una figura central que se llama David Lipton, que es el representante de Estados Unidos. La política cambiaria no es la mejor para la volatilidad del tipo de cambio. La banda es muy ancha y el Gobierno no puede intervenir porque tiene las manos atadas por el FMI. Lo único que le queda es subir la tasa que no solo no contiene al dólar, sino que agrega recesión.


Por eso ya se hablaba semanas atrás de una probable reunión entre Dujovne y Lipton para discutir este problema. Esta discusión es crucial para Macri porque hoy la campaña electoral, se podría decir que la suerte electoral de Cambiemos, la adhesión de los radicales y una figura que pueda llevarse votos del Gobierno depende centralmente del dólar. “El dueño de la campaña electoral se llama David Lipton”, sentencia Pagni.

El que se va sin que lo eche…

Por otro lado el otoño trae ruidos de escurrimientos en las filas oficialistas nacionales. Todo indicaría que Cambiemos se queda sin su pata política con las salidas de Monzó y Massot. El jefe de la cámara de Diputados y el presidente del bloque PRO ya tienen nuevos objetivos después del 10 de diciembre y no renovarán sus bancas. Así el oficialismo pierde gran parte de su sustentación política, enfrentados con Marcos Peña y Durán Barba preservarán a su tropa dentro del refugio de María Eugenia Vidal.


Monzó ya había anunciado hace un tiempo atrás su intención de no renovar el cargo al frente de Diputados, y hasta se barajó la posibilidad de ocupar una embajada. Reivindicando la función de la política, la rosca y los acuerdos, Monzó se convirtió en un personaje clave para el andamiaje político, ese que el propio Durán Barba desprecia a la hora de pensar estrategias de Gobierno. Pero el apoyo a la gobernadora en medio del escándalo por espionaje enfrió su relación con el Presidente Macri, no es poca cosa y sería recompensado con el salvataje al “monzonismo” con cargos en las listas. Es que en las dos cámaras de la Provincia hay una buena cantidad de senadores y diputados que le responden a “Emilio” y se consideran “monzonistas”. Lo mismo sucede a nivel nacional y con el secretario del Interior de la Nación Sebastián De Luca, quien podría animarse a ocupar el cargo al frente de la cámara baja. Dentro del esquema vidalista quien dio el visto bueno para contener a la tropa monzonista es Manuel Mosca.

Otras deserciones resonantes

Pero el desguace del ala política no termina acá, Nicolás Massot también avisó que no renovará su cargo y si bien se especulaba con que ocupe un cargo político, se alejaría completamente de la actividad. Según afirmó el periodista Iván Schagrodsky, el presidente del bloque PRO ganó una beca en Yale y se va a mediados de agosto a estudiar a Estados Unidos por cuatro meses.


Lejos de la toma de decisiones al igual que su jefe político Emilio Monzó, Massot también está en retirada y el mismo destino podría seguir Rogelio Frigerio, el sobreviviente ministro del Interior que continúa en su cargo aunque también fue postergado de la mesa chica en la interna en la que Mauricio Macri decretó el triunfo del peñismo de Marcos, quien sobrevive a los embates de los propios, observado como el responsable del fracaso que pone en jaque la reelección. Habrá que ver…

Fuentes: AF, NA, LN, Política Argentina, propias

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